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LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

Vídeo obras de José Higueras "el pintor de la luz"

martes, 23 de abril de 2013

MI AMOR POR LOS LIBROS

Óleo del maestro José Higueras Mora


Sobre la mesa un montón de libros. Se puede escoger uno y empezar a leer. Cualquiera es bueno. El niño no sabe cual elegir, quizá espera que el padre le ayude a escoger.
Mira a un lado y al otro, no hay nadie y…
Por fin se decide por uno al mismo tiempo que se pregunta - ¿será de aventuras? Empieza a hojear primero. Lee alguna estrofa entre una página y otra. Parece que le gusta. Mientras… el padre mira sin ser visto. Está cansado de ver a su hijo jugar a los marcianitos y mirar la pantalla de la televisión.
Nunca le ha visto con un libro en las manos - ¡con lo importante que son! – musita el hombre - ¡Tengo que cambiar esto!
Sube a la buhardilla dónde guarda los libros que él leía cuando era pequeño, están llenos de polvo, cogiendo unos cuantos los limpia para ponerlos sobre la mesa esperando que aquel joven se atreva a tocar alguno ¡Simplemente eso tocar las tapas de uno!
Después de mirar y leer unas cuantas palabras el muchacho, se acomoda en un sillón y empieza por el final - ¡Excelente! Piensa el padre, ha empezado bien, como todos. Así se empieza cuando se coge el primer libro, se leen las últimas hojas y después…
Le gustan al chico aquellas aventuras de los Cinco. Claro que son de su padre cuando era como él… ¡no, mucho más joven! Entonces no había televisión todavía se disfrutaba con los tebeos, o los libros, muchos sentados en la acera - ¡no había tantos peligros como ahora!
El padre entra en la habitación, tan ensimismado esta el muchacho que ni se da cuenta de su “intromisión”, él lo mira atentamente, por un momento se siente orgulloso de su hijo y de su “hazaña” al poner los libros sobre la mesa sin decir nada, de lo contrario estaba seguro que no le hubiese hecho caso y no lo hubiera tocado. Él quería eso, que tocase el papel, que notase el aroma de un libro y sobre todo de esos que tantos recuerdos tenían.
Uno le vino a la memoria, estaba seguro que también conservaba la lupa de su padre, la buscaría.
De pronto el hijo levanta la cabeza y se da cuenta de su presencia, sonríe tímidamente no sabe si eran para él o está cometiendo algo grave pregunta enseñando lo que tiene entre las manos - ¿puedo?
El padre se acerca y sentándose a su lado le hace un gesto afirmativo para decir - ¡claro, es un regalo, hoy es el día del libro, disfruta de la lectura y no lo olvides: un libro entre las manos es un enorme tesoro! Le da un beso en la frente y sale sonriendo, por esta vez ha ganado la cordura ¡espero que siga para siempre!

Higorca

3 comentarios:

MAJECARMU dijo...

Higorca,hoy el día del libro nos dejas un relato que es un regalo y una lección importante...Inculcar a nuestros hijos el hábito de la lectura.Es necesario que el espíritu ensanche sus límites,camine de la mano de la imaginación y toque la magia de la tierra,de la naturaleza y del cielo...Es necesario sentir la aventura en la piel del alma y hacerla propia,sentirse monje y soldado,caballero y ladrón...humano y divino al mismo tiempo,consciente de los límites y de la inmensidad,que nos acoge y nos envuelve...
Mi felicitación en este día para ti por tus bellas letras,amiga...Por los bellos cuadros de José y por tu amor a la cultura y al arte,que alfombran siempre nuestros libros.
Mi abrazo inmenso y mi cariño,Higorca.
M.Jesús

Higorca Gómez dijo...

Querida amiga, no te puedes imaginar la alegría que me ha dado tu comentario, llevas razón estamos pasando un momento algo difícil para todo, pero debemos fomentar la lectura desde pequeños, dejar que noten ese olor indescriptible del papel, tener en nuestras manos esa joya que a lo mejor fue de otro ayer.
Abrazos

Begoña de Urrutia dijo...

Comparto tu amor por los libros, tanto por el texto como por el contacto directo. Tienen una magia que me ha hechizado desde de niña. Los libros te enseñan, te ayudan a comprender, a convivir, a abrir horizontes, a ensanchar el corazón.
Y muchos de los personajes con los me he topado, han acabado siendo grandes amigos míos. De los que te cuesta despedirte cada vez que cierras el libro.
Aunque sea esporádico, por lo menos mantenemos algún contacto.
Un abrazo muy fuerte. Hasta pronto.